González-Ruano. El (falso) marqués y la esvástica

Lecturas del verano 2015

Un poco de historia, algo de novela, sobre todo novela negra

El marqués y la esvástica


Autor: Sala Rose, Rosa – García Planas, Plàcid
Título: La esvástica y el marqués. César González-Ruano y los judíos en el París ocupado
Editorial: Anagrama
Ciudad: Barcelona
Año: 2014
Páginas: 512

Se trata de una investigación sobre un episodio de la vida del periodista español César González-Ruano (1903-1965). ¿Por qué el 10 de junio de 1942, en el París ocupado, la Gestapo lo detuvo y lo encerró en la cárcel militar de Cherche-Midi durante setenta y dos días? En los cenáculos literarios del Madrid de la posguerra corrían rumores sobre la implicación del González-Ruano en una red de traficantes de pasaportes para judíos que huían a través de los Pirineos.

De la lectura de esta obra queda la imagen de un personaje oscuro, amoral, filonazi y antisemita como dejó de manifiesto en sus escritos anteriores a 1945. Un sinvergüenza que mantuvo un ritmo de vida de lujo a costa de los sablazos que daba a amigos y conocidos, también gracias a actividades poco claras como las que salen a la luz en el libro. Además era un juerguista que disfrutaba de los excesos en las fiestas, el alcohol y el sexo. Amigos suyos fueron Camilo José Cela y el joven Francisco Umbral para quien se convirtió en su mentor y figura de referencia literaria y vital (dijo de Ruano que fue”un anarquista de derechas”).

Vivió en la orilla política de la derecha española desde los años 30 hasta su muerte en 1965. Pero no fue franquista (despreciaba al dictador), prefería la monarquía alfonsina. Desde sus inicios periodísticos en el Berlín de 1933 (donde ejerció de corresponsal de ABC durante los seis primeros meses de Hitler en el poder) defendió la Alemania nazi. Desde entonces estuvo a sueldo del ministerio de Propaganda alemán del que recibía, a través de la embajada, un dinero mensual por escribir artículos que elogiaran el régimen hitleriano. Él mismo los catalogaba de tres maneras: unos los escribía de su mano, otros le llegaban redactados desde la embajada, los revisaba e introducía algunas modificaciones, y los terceros se limitaba a firmarlos tal como los recibía.

Después de su estancia berlinesa regresó a España. El estallido de la guerra civil le cogió en Roma de donde pasó en 1940 al París ocupado por los alemanes. Allí vivió en un piso incautado a un rico judío. Vendió todas las obras de arte que encontró en esta residencia y las sustituyó por falsificaciones. Los autores de la investigación han rastreado sus actividades en esos años. Conectan al personaje con redes de traficantes de obras de arte, con vendedores y estafadores de pasaportes a judíos que huían a través de los Pirineos.

La Gestapo lo detuvo durante setenta y dos días en una prisión militar. De sus actividades allí han quedado testimonios judiciales. Cuando finalizó la II Guerra Mundial el gobierno francés inició la depuración y castigo de los colaboradores con los alemanes. Uno de los compañeros de cautiverio de Ruano lo denunció por actividades de delación mientras estuvo preso en Cherche-Midi. Del proceso quedó una condena en firme a cinco años de prisión que Ruano no cumplió porque no volvió a pisar territorio francés.

La publicación de este libro coincidió con la cancelación del premio González-Ruano de Periodismo que concedía la Fundación Mapfre. Lo recibieron, entre 1975 y 2014 prestigiosos periodistas y escritores como Antonio Gala, Vicente Verdú, Antonio Burgos, Raúl del Pozo, que, además del galardón, se embolsaban 30.000 euros. Quizás al publicarse las afinidades electivas de González-Ruano hubo quien decidió que era mejor no mantener la relación de la Fundación Mapfre con la figura del periodista.

Ninguna referencia a estos episodios de la vida de González-Ruano aparecen en el periódico ABC ni en el elogio que Juan Manuel de Prada escribió sobre el que denominó “mejor articulista del siglo” cuando se publicó en 2002 su obra periodística completa. El antólogo, Miguel Pardeza no recogió los artículos que González-Ruano publicó entre 1936 y 1943, su época más judeófoba. “Ese Ruano no me interesa”, les comentó a Rosa Sala y Plàcid García, quienes en la investigación contestaron con un “A nosotros sí”. En el antiguo faro de la izquierda española, el diario El País, Muñoz Molina califica a González-Ruano de “maestro dudoso” y cuestiona el prestigio como columnista y prosista que goza desde mediados del siglo XX.

Otra reseña sobre esta investigación se puede leer en la revista El Cultural.


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